Presentación


La creación en 1939 del Instituto Nacional de Antropología e Historia tuvo como agenda central la recuperación y preservación del pasado prehispánico, así como la investigación de los procesos de cambio y continuidad de los grupos indígenas que componen el mosaico cultural del México contemporáneo.

La creación en 1939 del Instituto Nacional de Antropología e Historia tuvo como agenda central la recuperación y preservación del pasado prehispánico, así como la investigación de los procesos de cambio y continuidad de los grupos indígenas que componen el mosaico cultural del México contemporáneo.
Después de un largo proceso de consolidación, el Instituto amplía su presencia e impacto a escala nacional con lo cual se torna imperativo repensar sus objetivos, robustecer su estructura organizativa y extender su capacidad de intervención, investigación y formación de profesionales. El año de 1985 fue el escenario de esta reorientación en la historia del INAH, donde se reafirman sus propósitos esenciales: la investigación científica en las disciplinas antropológicas e históricas y la conservación, restauración y promoción del patrimonio cultural de la nación. A partir de estas ideas rectoras se definirá también el espíritu de los premios que otorga el INAH, cuya organización actual es heredera de ese proceso.

La historia de los Premios INAH se remonta a 1969, cuando el entonces Director General, el Dr. Ignacio Bernal, decide otorgar un reconocimiento a los mejores trabajos de investigación en antropología e historia realizados por dos investigadores mexicanos y dos extranjeros. El galardón lleva por nombre Premio "Fray Bernardino de Sahagún", en honor al ilustre franciscano considerado precursor de la etnografía moderna por sus agudas observaciones sobre la cultura de los antiguos pobladores del territorio mexicano.

Un año después de su primera emisión los galardones fueron suspendidos durante 15 años y, es hasta 1985, que siendo Director General del Instituto el Dr. Enrique Florescano[1], se reinstauran los Premios INAH, y desde entonces se han entregado de manera ininterrumpida. Este contexto de fortalecimiento se refleja en la diversidad temática de los galardones, en donde puede reconocerse la amplitud de las disciplinas y áreas de trabajo del Instituto.

Así, desde 1985 los premios anuales cubren la investigación, las tesis de estudios profesionales de licenciatura, maestría y doctorado, los trabajos de rescate, restauración, conservación, protección y difusión del patrimonio arqueológico, urbanístico, y arquitectónico, así como de bienes muebles. Los reconocimientos se otorgan a las diferentes disciplinas y áreas de trabajo de competencia del Instituto, y cada premio lleva el nombre de un destacado personaje que dedicó su obra al desarrollo del conocimiento en sus respectivas ramas.[2]

Con el transcurrir de los años, el certamen ha experimentado cambios en su estructura y en las categorías premiadas. Algunos premios han dejado de otorgarse, nuevas distinciones se han creado y otras se han asimilado, adaptándose a las dinámicas y transformaciones propias de las ciencias sociales. Premios como el Miguel Othón de Mendizábal, el Manuel Toussaint, el Nicolás León, Edmudo O´Gorman, Manuel Gamio y el Raúl Guerrero. Una historia que representa el esfuerzo siempre inacabado por celebrar el discurso acerca del hombre y su cultura.

Notas:
[1] El propio Dr. Enrique Florescano fue acreedor del Premio Fray Bernardino de Sahagún en 1970 por su libro Precios del maíz y crisis agrícolas en México, 1708-1810.
[2] Pérez Gómez, Delia (comp.) Memoria de los premios anuales del INAH. INAH, Col. Obra diversa, México, 1995, pag. 14

Galeria Premios



Premio Alfonso Caso

Alfonso Caso Andrade fue un destacado arqueólogo nacido en la ciudad de México el primero de febrero de 1896. Realizó sus estudios profesionales en la Universidad Nacional de México, donde obtuvo los grados de abogado y de maestro en filosofía. Posteriormente ingresó a la Escuela Nacional de Altos Estudios donde obtuvo el título de arqueólogo en 1925. Dentro de sus investigaciones arqueológicas sobresalen las exploraciones que realizó en Monte Albán durante la década de los treinta. De las constantes temporadas de investigación que desarrolla en este sitio se desprenden numerosas publicaciones entre las que se encuentran: Las exploraciones de Monte Albán (3 vols.), Calendario y escritura de las antiguas culturas de Monte Albán de 1947 y El tesoro de Monte Albán de 1969. Alfonso Caso fue un estudioso de los códices, los sistemas religiosos y las estructuras calendáricas prehispánicas, temas de los que dan testimonio obras como Los calendarios prehispánicos y el célebre El pueblo del Sol, editado por primera vez en 1953. Además de su importante labor como investigador, Alfonso Caso contribuyó a la fundación de las instituciones antropológicas más importantes del país y desempeñó importantes cargos en la administración pública tales como la dirección del Museo Nacional de Antropología entre 1930 y 1933. Años más tarde en 1939, fundó el Instituto Nacional de Antropología e Historia del cual fue director hasta 1944. En 1945 fue rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, año en el que se elaboró la Ley Orgánica que actualmente la rige; además, Caso fue miembro fundador de El Colegio Nacional en 1943 y recibió el Premio Nacional de Ciencias en 1960. El Primer Congreso Indígena Interamericano celebrado en Pátzcuaro Michoacán en 1940, pone de manifiesto la complejidad e importancia de la problemática indígena en México. Este contexto tiene como resultado, entre otras cosas, la creación del Instituto Nacional Indigenista fundado por el Dr. Alfonso Caso, quien impulsa una perspectiva aplicada de la antropología que constituirá el núcleo de la política indigenista del INI, el cual es dirigido por Caso hasta su fallecimiento en 1970. Por ello, el premio Alfonso Caso se otorga al mejor trabajo de investigación arqueológica, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado desarrolladas en el área de arqueología.

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Premio Wigberto Jiménez Moreno

Originario de la ciudad de León, Guanajuato Wigberto Jiménez Moreno fue desde la juventud y durante prácticamente toda su carrera un incansable docente, además de un polifacético investigador. Fue profesor de secundaria e impartió clases en la Escuela Normal de su ciudad natal. En la ciudad de México, su labor como profesor se desarrollo en la Universidad Nacional Autónoma de México, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el México City College y la Universidad Iberoamericana. Además de México, sus cursos fueron conocidos en varias universidades de los Estados Unidos como Texas, Illinois, Los Ángeles y la Universidad de Minnesota. Diversa y amplia, también su formación transitó por distintas instituciones de educación aunque se sabe que gran parte de su un formación fue autodidacta; cursó materias en la Universidad Nacional Autónoma de México y en Harvard University. En 1945 adquirió el grado de Maestro en Etnología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Su trabajo como académico lo llevo acabo como miembro del Instituto Nacional de Antropología e Historia, al que se incorporó por invitación del Dr. Alfonso Caso en el decenio de los cuarenta y fue miembro de la Academia Mexicana de la Historia desde 1947. Además de su trabajo académico, Wigberto Jiménez fue Director del Museo Nacional de Antropología en el trienio de 1953 a 1956 y fundador del Colegio del Bajío (León, Guanajuato) en 1982, tres años antes de su fallecimiento en 1985. Como investigador, Jiménez Moreno se interesó por un centenar de temas heterogéneos entre sí, que van desde la filología, pasando por la historia regional, la arqueología, la lingüística y la etnografía. Su obra se conforma por numerosos artículos, folletos y libros entre los que se encuentra su conocido ensayo Fray Bernardino de Sahagún y su obra de 1938, Resumen de historia antigua de Guanajuato de 1933, Tula y los Toltecas de 1941, Origen y significación del nombre otomí de 1939, El enigma de los olmecas de 1942, Los orígenes de la provincia franciscana de Zacatecas en 1950 y muchos otros. En honor a su destacada trayectoria, el premio Wigberto Jiménez Moreno se otorga al mejor trabajo de investigación en el área de lingüística, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado en lingüística.

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Premio Fray Bernardino de Sahagún

Bernardino de Rivera nació en la provincia de León, España en 1499 y se traslada a Salamanca en 1520 para estudiar la universidad, lugar en el que recibirá su formación en historia, filosofía y teología. Hacia 1527 decide ingresar a la orden franciscana y adoptar el nombre de su pueblo natal "Sahagún". Una vez ordenado, el joven fraile se suma a la empresa evangelizadora y parte hacia la Nueva España a la que arribó en 1529. La vida de Sahagún en el nuevo continente estará dedicada por completo a la enseñanza y a la escritura; a esta última consagrará gran parte de su vida y en ella quedarán plasmadas sus investigaciones sobre la lengua y la cultura náhuatl. En 1536, Como profesor de gramática latina en el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, Sahagún da instrucción religiosa a jóvenes de la antigua nobleza indígena y aprende a fondo la lengua náhuatl. Tras concluir un periodo de misionero en los conventos de Huejotzingo, Cholula, Tula, Tepeapulco y como visitador de la Custodia de Michoacán (1539-1558), Fray Bernardino se entrega a la elaboración de la monumental obra de doce libros que componen su Historia general de las cosas de la Nueva España, conocida también como Códice Florentino, escrita en náhuatl y en español, además de incorporar la escritura de los antiguos mexicanos. Obra de gran complejidad, la Historia general de las cosas de la Nueva España recoge escrupulosamente información sobre la cultura y religión indígena; para su realización Sahagún recurrió a la contrastación y análisis de fuentes documentales, así como a la recolección de testimonios indígenas, hecho por lo que es considerado por algunos como precursor de la etnografía. Además de la Historia, fue autor de un gran número de obras en náhuatl, español y latín como el Sermonario de dominicas y de santos en lengua mexicana; Tratado de la Retórica y Teología de la gente mexicana, también náhuatl; Arte adivinatoria, un Vocabulario trilingüe, entre otros. El premio Fray Bernardino de Sahagún se otorga al mejor trabajo de investigación antropológica, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado, desarrollada en el marco de las disciplinas de antropología social y etnología.

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Premio Francisco de la Maza

Francisco de la Maza nació en la ciudad de San Luis Potosí en el año de 1913. Realizó parte de sus estudios primarios en la ciudad de Puebla, para posteriormente trasladarse definitivamente a la ciudad de México donde llevará a cabo su formación profesional. Después de un breve paso por la carrera de derecho, De la Maza cursa la carrera de historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Los intereses de Francisco de la Maza fueron amplios y diversos, pasando por la historia universal, el arte helénico, la literatura, entre otros; pero fue el arte novohispano el que marcó de manera sustancial el desarrollo de su trabajo como historiador. Considerado como el discípulo mas destacado de Manuel Toussaint, De la Maza compartirá no sólo la profunda dedicación al arte colonial de Toussaint, sino su preocupación por la defensa y preservación del patrimonio artístico mexicano. Conocido por sus excelentes conferencias, Francisco de la Maza toma el lugar de Manuel Toussaint como titular de la cátedra de arte colonial de la Facultad de Filosofía y Letras en 1946, ganando rápidamente una enorme popularidad por la originalidad de sus reflexiones, así como por la generosidad de su pluma. Su obra se compone de un sinnúmero de artículos y una veintena de libros entre los que se encuentra su tesis doctoral El guadalupanismo mexicano editada en 1953 -el cual es considerado como un texto indispensable para la comprensión de dicho fenómeno-, Cartas barrocas de 1963, Las piras funerarias en la historia y en el arte de México de 1946, Antínoo, el último dios del mudo clásico de 1966, Catalina de San Juan: princesa de la India y visionaria de Puebla de 1971, y sus monografías sobre arquitectura barroca La ciudad de Cholula y sus iglesias de1959, El arte colonial en San Luis Potosí de 1959, entre muchos otros. Por su importancia como incansable defensor del patrimonio artístico de México, el premio Francisco de la Maza se otorga al mejor trabajo de investigación, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado en el área de Conservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico. Al mejor trabajo de conservación del patrimonio arquitectónico y urbanístico, con un monto de $80,000.00 M.N. y Diploma honorario.

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Premio Francisco Javier Clavijero

Nacido en el seno de una familia de administradores en 1731, Francisco Javier Clavijero aprendió tempranamente la lengua náhuatl al estar en contacto desde su niñez con poblaciones indígenas de Puebla y Oaxaca. Realizó sus primeros estudios en el Colegio de San Jerónimo en Puebla en 1743, y continuó en el Colegio Jesuita de San Ignacio, donde surgió su interés por el latín, la teología y la filosofía. Esta última cobró un lugar central en los estudios de Clavijero y lo impulsó a ingresar en 1748 a la orden jesuita en el Colegio de Tepotzotlán, en donde desarrolló un conocimiento amplio de distintas lenguas como el griego, francés, portugués, italiano, alemán e inglés, habilidad que le permitió profundizar sus lecturas de autores de diversas nacionalidades. En el Colegio de San Pedro y San Pablo de la ciudad de México, siguió estudiando teología, ciencia y la filosofía moderna. Posteriormente impartió clases de retórica en el Colegio de San Ildefonso del cual también fue prefecto. A partir de la Pragmática Sanción decretada por Carlos III de España, Javier Clavijero fue expulsado de la Nueva España junto con el resto de los miembros de la Compañía de Jesús en 1767 y se exilió en Italia hasta su muerte en 1787. Durante su exilio en Ferrara y más tarde en Bolonia, el humanista y filósofo Francisco Javier Clavijero pudo dedicarse a sus investigaciones sobre la cultura e historia de México antes de la conquista española. Después de varios años de trabajo, en 1780, concluyó su Historia antigua de México. En esta obra compuesta por diez tomos, narró su visión del México prehispánico por medio de una extensa recuperación de fuentes, misma que no tardó en ser traducida a los idiomas ingles y alemán. Por la importancia excepcional que guarda el trabajo de Francisco Javier Clavijero en la historiografía mexicana, el premio que lleva su nombre se otorga al mejor trabajo de investigación histórica y etnohistórica, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado en estas disciplinas.

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Premio Paul Coremans

Reconocido como uno de los más importantes especialistas en conservación, el profesor Paul Coremans nació en Borgerhout, Bélgica, en 1908. Curso sus estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad Libre de Bruselas y obtuvo su doctorado en química analítica en 1932. Invitado por el egiptólogo Jean Capart en 1934, Coremas trabajo en el Brussels Musées royaux d’Art et d’Histoire (Museos Reales de Arte e Historia de Bruselas). Allí colaboró en la creación de un laboratorio para la realizar estudios de autenticidad, así como de conservación de obras de arte egipcio pertenecientes a la colección del museo. Desde entonces, Coremans se interesó legítimamente por las condiciones de conservación de las obras en los recintos culturales dedicados al resguardo de bienes patrimoniales. Viajó a los Estados Unidos en 1937 y visitó el laboratorio del Fogg Art Museum de Harvard, donde continuó desarrollando su interés en la conservación de obras de arte. En los años de la Segunda Guerra mundial, las ideas de Coremans entorno a la conservación y rescate de obras de arte continuaron reforzándose y, al termino de la guerra, participó en el proceso de repatriación de obras de arte, así como en las discusiones en torno a la seguridad de los bienes artísticos y patrimoniales durante conflictos bélicos. Estas preocupaciones se tradujeron en un manual que publicó en 1946 con el título La protección de la scientifique des œuvres de arte en temps de guerre. Decidido impulsor de la protección del patrimonio artístico y cultural, Paul Coremans tuvo un papel central en la creación de instituciones internacionales en materia de conservación tales como: el Instituto Internacional para la Conservación de Obras Históricas y Artísticas (IIC) en 1950; también contribuyó a la creación, por iniciativa de la UNESCO, del Centro Internacional para el Estudio de la Preservación y Restauración de Bienes Culturales fundado en 1956. Fue miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM) y desde 1957 encabezó el Real Instituto para el Estudio y Conservación del Patrimonio Artístico de Bélgica. Coremans fue docente del Instituto Superior de Historia del Arte y Arqueología de la Universidad de Gante y llevó a cabo seminarios en diversas instituciones americanas, incluyendo la Universidad de Harvard, Simmons College (Boston), Oxford School en Hartford, la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, entre otras. Su actividad académica fue constante dentro del “Seminario de Arte de Verano”, realizado desde 1951 a 1955 en Bélgica, y en diversos ámbitos internacionales. Fue asesor experto de la UNESCO hasta su desafortunado fallecimiento en 1965. En reconocimiento a su labor incansable como promotor del cuidado del patrimonio artístico y cultural, el premio Paul Coremans se otorga al mejor trabajo de investigación, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado en el área de Conservación de Bienes Muebles.

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Premio Miguel Covarrubias

Miguel Covarrubias Duclaud nace en la Ciudad de México en 1904. Durante la adolescencia concluye su educación formal y comienza a desarrollarse como caricaturista. En esta época Covarrubias frecuenta el círculo de algunos de los pintores muralistas más importantes como Diego Rivera, el Dr. Atl, Dávid Alfaro Siqueiros, entre otros; además acude constantemente a museos y talleres de trabajo de artistas. Este conjunto de experiencias y aprendizajes puede considerarse como una parte central de la formación de Covarrubias. Hacia 1922 comienza a realizar caricaturas para una revista estudiantil de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como para algunos periódicos editados en la ciudad de México. La ciudad de Nueva York será el escenario en el cual Miguel Covarrubias desarrollará su estilo particular como caricaturista, además de consolidarse como un artista multifacético interesado en las más diversas manifestaciones sociales y estéticas. En la gran manzana se encontró con personajes como el poeta José Juan Tablada y el escritor y fotógrafo promotor del Harlem Renaissance Carl Van Vechten. Desde su arribo a New York, Covarruvias empezó a trabajar en varias revistas importantes de los Estados Unidos. Sus series para Vanity Fair aparecieron por primera vez en 1924, en ellas se perciben ya los particulares componentes satíricos que caracterizan su obra. El trabajo de Cobarruvias es compilado y publicado en varios volúmenes entre los que se encuentran The Prince of Wales and other famous americans de 1925, Negro Drawings de 1927, The Eagle, the Jaguar and the Serpent. Indian Art od the Americas de 1954, Indian Art of Mexica and Central America de 1957; además ilustró libros como El Pueblo del sol de Alfonso Caso, entre otros. Siempre ávido de conocimientos y dotado de una mirada aguda sobre la cultura, Covarrubias y su esposa la bailarina Rosa Rolando, emprenden un itinerario de viaje por diversos países y ciudades del océano pacífico, pero fue la isla de Java y la cultura de Bali aquello que llamó poderosamente la atención de Covarruvias. En 1933, con el apoyo de una beca Guggenheim, Covarruvias regresa a Bali con el propósito de reunir un conjunto de materiales para documentar su experiencia sobre la cultura balinesa, dando como resultado en 1937, la publicación de su libro La Isla de Bali. A su regreso a México, Miguel Covarrubias colaboró en diversas exposiciones de arte indígena en el Museo Nacional de Antropología e Historia, y en la organización de las colecciones del museo. En 1950 ocupó la dirección del Departamento de danza del Instituto Nacional de Bellas, y siguió trabajando casi hasta su muerte en 1957. El premio Miguel Covarrubias se otorga al mejor trabajo de investigación, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado en el área de museografía e investigación de museos.

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Premio Javier Romero Molina

Figura central en el desarrollo de la antropología física en México, el Mtro. Javier Romero Molina fue un destacado investigador cuyas aportaciones en los campos de la antropometría, la somatología y el estudio de poblaciones prehispánicas, representan la consolidación de los estudios antropológicos como un trabajo científico consistente. Javier Romero nace en 1910, en medio de un contexto nacional agitado por levantamiento de la insurgencia revolucionaria. Realizo su educación media en la capital de la república y hacia 1928 inició sus estudios profesionales en la Facultad de Medicina de la UNAM, mismos que interrumpió dos años mas tarde. Su carrera dentro de la antropología comenzará en el Departamento de Antropología Física del Museo Nacional de Antropología, del cual se volvió titular en 1936. Su incorporación a este Departamento inauguró su trayectoria ininterrumpida de 50 años de actividad en el INAH. Obtuvo el título de antropólogo físico en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y el grado de maestro en Ciencias Antropológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1946. En las décadas de los treinta y cuarenta, como jefe del Departamento de Antropología Física, Romero realizó importantes análisis del material osteológico proveniente de entierros prehispánicos y participó en numerosas excavaciones arqueológicas en Cholula, Puebla, Monte Albán, Oaxaca, y otras del norte del país como Sierra Azul, Ocampo, Tamaulipas y la cueva de San Borjita, Baja California. En 1947 participó en la conocida excavación del “hombre de Tepexpan”, para posteriormente realizar el análisis de los restos óseos en el laboratorio del Smithsonian Institution en Washington, soportado por una beca de la Fundación Guggenheim. Dentro de los temas abordados por Romero, resultan significativas sus investigaciones sobre las alteraciones de índole cultural apreciable en restos óseos, entre ellas las relacionadas con las deformaciones craneales intencionales y particularmente la mutilación dentaria. Sobre los resultados de sus indagaciones dan cuenta sus numerosas publicaciones sobre el tema: El arte de mutilaciones dentarias (1951), Mutilaciones prehispánicas de México y América en general (1958), Incrustaciones y mutilaciones dentarias (1984), entre otras. Otra faceta importante de su trabajo fue la que dedicada a los estudios somatométricos y antropométricos de poblaciones actuales como entre los mixtecos de Tilantongo en 1946, así como el estudio iniciado en 1950 entre aspirantes y cadetes del Heroico Colegio Militar de México. Dentro del Colegio Militar, el Mtro. Romero fue miembro del Laboratorio Psicobiológico y profesor de psicología por más de veinte años (1953-1968), siendo acreedor en 1971 de la Condecoración al Mérito del Docente Militar. Como servidor publico, Romero fungió como subdirector general del INAH entre 1960 y 1970, fue secretario del Consejo de Publicaciones del INAH hasta 1976 y director de la ENAH de entre 1974 y 1979. En 1982 el Instituto le entregó la medalla de Investigador Emérito, actividad que desempeño hasta su fallecimiento el 10 de febrero de 1986. Debido a su enorme labor en favor de la antropología física en México, el premio Javier Romero Molina se otorga al mejor trabajo de investigación en antropología física, así como a la mejor tesis de Licenciatura, Maestría y Doctorado desarrollada en ésta disciplina.

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Monto de Premiación

Cada uno de los Premios está abierto en la siguientes categorías: I. Premio a la mejor investigación Podrán concursar las investigaciones científicas originales que hayan sido publicadas o aceptadas para su publicación entre el 1° de enero y el 31 diciembre del año 2013. Si se trata de una investigación colectiva el número de autores no podrán ser mayor a tres. no se aceptarán reediciones, reimpresiones, ni obras editadas en revistas (artículos) o que tengan un carácter compilatorio, como tampoco catálogos, antologías o memorias de eventos académicos. las investigaciones ganadoras recibirán si se trata de una investigación colectiva el número de autores no podrá ser mayor a tres. No se aceptarán reediciones, reimpresiones, ni obras editadas en revistas (artículos) o que tenga un carácter compilatorio, como tampoco catálogos, antologías o memorias de eventos académicos. Las investigaciones ganadoras recibirán $140,000.00 M.N. y diploma Honorario. II. Premio a la mejor tesis de doctorado Podrán concursar aquellas tesis presentadas a examen de grado entre el 1º de enero y el 31 de diciembre de 2013. Las tesis de doctorado ganadoras recibirán $120,000.00 M.N. y diploma honorario. III. Premio a la mejor tesis de maestría Podrán concursar aquellas tesis presentadas a examen de grado entre el 1º de enero y el 31 de diciembre de 2013. Las tesis de maestría ganadoras recibirán $100,000.00 M.N. y diploma honorario. IV. Premio a la mejor tesis de licenciatura Podrán concursar todas aquellas tesis presentadas a examen profesional entre el 1º de enero y el 31 de diciembre de 2013. Las tesis de licenciatura ganadoras recibirán $80,000.00 M.N. y diploma honorario. V. Además de las anteriores, se abren a concurso las siguientes categorías: Premio Francisco de la Maza. Al mejor trabajo de conservación del patrimonio arquitectónico y urbanístico, con un monto de $80,000.00 M.N. y diploma honorario. Premio Paul Coremans. Al mejor trabajo de conservación de bienes muebles, con un monto de $80,000.00 M.N. y diploma honorario. Premio Miguel Covarrubias: Al mejor trabajo de planeación y proyecto de museo abierto al público, con un monto de $80,000.00 M.N. y diploma honorario. Al mejor trabajo de diseño e instalación de exposición, con un monto de $80,000.00 M.N. y diploma honorario.

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